Hoy esperamos humo blanco y dignidad para el Poder Judicial: todo depende de Luis Henry Molina

Altanto.com.do

Por el Dr. Alexis Vargas

La mañana del miércoles no amaneció como cualquier otra en la ciudad judicial.

Dicen los viejos empleados que cuando un edificio guarda demasiado silencio durante muchos años, las paredes terminan aprendiendo a escuchar. Y en los pasillos del Poder Judicial, donde el cansancio se acumuló durante décadas junto al polvo de los expedientes, las paredes finalmente escucharon el murmullo de una rebelión serena.

A las diez de la mañana se cerrarán las puertas de esa especie de Capilla Sixtina judicial dominicana, donde esta vez no se elegirá un Papa, sino algo mucho más difícil: la posibilidad de devolverle dignidad a la justicia desde adentro.

Llegarán uno a uno.

Por los juzgados de paz: Dante, Dayham, Julio y Julián.

Por primera instancia: Martha, Suinda, Rubén y Esther.

Por las cortes de apelación: Yokaurys, Ysis, Pilar y Martina.

Y frente a ellos estarán las consejeras Karen Mejía, Keila González y Katerine Rubio, aprestas esta vez a mirarse cara a cara con Luis Henry Molina y con una realidad que durante años fue empujada debajo de las alfombras institucionales.

Porque ya no se trata únicamente de salarios.

Se trata de empleados secretariales, asistentes, ayudantes y personal de mantenimiento que sobreviven con ingresos que no alcanzan ni siquiera para mirar de frente la canasta básica. Se trata de jueces de paz recorriendo kilómetros interminables para cubrir varios distritos judiciales al mismo tiempo, sin compensación alguna. De magistrados de primera instancia ocupando funciones superiores, asumiendo salas, tribunales colegiados, atención permanente, instrucción y apelación como si fueran hombres multiplicados por decreto.

Y todo eso mientras el tiempo les roba la salud y el Estado les responde con silencio.

El jueves 21 de mayo ocurrió lo impensable.
Más de 450 jueces y más de 2,000 empleados del Poder Judicial levantaron la voz al mismo tiempo. Bastó eso para estremecer la estructura completa del sistema judicial dominicano. Porque cuando se detiene la justicia, aunque sea parcialmente, el país entero siente el temblor.

Y aun así, fueron esos mismos jueces y empleados quienes evitaron el caos, manteniendo las atenciones permanentes y las libertades urgentes. Hasta en la protesta hubo responsabilidad.

Pero entrada la noche apareció el viejo reflejo del poder: el maquillaje apresurado de la crisis.

Una reunión improvisada. Voces individuales presentadas como representación colectiva. Comunicados que hablaban de acuerdos inexistentes. Y entonces sucedió algo inesperado: las redes sociales comenzaron a rugir como un tribunal sin paredes.

“No nos representan”.

La frase cayó sobre el país como una campana de catedral.

Y desde entonces el ambiente dentro del Poder Judicial cambió.
Ahora todos esperan la reunión de este miércoles como los antiguos pueblos esperaban el humo que salía desde Roma. Algunos creen que saldrá humo blanco. Otros sospechan que la chimenea institucional lleva demasiados años quemando papeles viejos, promesas incumplidas y estadísticas maquilladas.

Pero incluso los más escépticos saben que algo ya ocurrió y no tiene regreso.

Los jueces y empleados descubrieron que no estaban solos.

Y cuando un colectivo cansado pierde el miedo, hasta los edificios más grandes comienzan a crujir por dentro.

Quizá por eso esta reunión no será solamente administrativa. Tendrá algo de rito histórico, algo de conjuro, algo de esas escenas imposibles que parecían reservadas para las novelas donde la lluvia cae durante años y los pueblos aprenden a sobrevivir entre fantasmas y dignidad.

Porque en esta historia nadie está pidiendo privilegios.

Están pidiendo justicia para quienes llevan demasiado tiempo sosteniendo la justicia de todos los demás.

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