LA PLANCHA, LA GUAYABERA Y EL PODER

Altanto.com.do

Autor: Nelson Valdez

La política en esta isla de sol implacable no es más que una sesión de barbería a deshora, un reparto de sombras al mediodía y una prosa de aposento amueblada por el murmullo de los elegidos, aprovecho igual el momento para descifrar junto a ustedes este reparto que los muchachos del PRM llaman plancha de consenso.

A la política oficialista le ha salido una modista fina. No hay sillas volando ni voces destempladas en la trastienda: hay una plancha almidonada, impecable, que huele a perfume caro y a reparto milimétrico. Se ha consumado el recambio de la sangre en las arterias del poder. El abuelo PRD ha muerto del todo para que nazca esta aristocracia civilista de muchachos con chacabanas a medida.

Veamos el cuadro. Luis Abinader se sienta en la Presidencia del partido no para bajarse a la trinchera del padrón, sino para coronarse como el Gran Arbitro del Palacio. El Presidente se reserva el pedestal y le deja la carpintería a Deligne Ascención, mientras él contempla el horizonte del 2028 con la tranquilidad del monarca que ha amarrado a sus príncipes antes de que empiece la batalla.

Pero el verdadero tuétano del asunto se lo han repartido en dos mitades perfectas, como una fruta tropical cortada a machete limpio:

Por un lado, el bloque de David Collado y Eduardo Sanz Lovatón se adueña de la maquinaria viva. Poner a Gloria Reyes en la Secretaría Nacional de Organización —custodiada por Kelvin Cruz y Jean Luis Rodríguez— es quedarse con la llave del patio, la lista de los delegados y el pulso de las provincias. Collado ya no solo sonríe en los carteles; maneja el resorte fino del partido. Es el favoritismo vestido de logística.

Por el otro lado, el mejiísmo no se deja acorralar. Hipólito no entrega la plaza sin dejar a su propia sangre en la ventanilla. Juan Garrigó Mejía asume la Secretaría General como el gran dique de contención, el freno de mano institucional que le cuida la espalda a Carolina Mejía. Si los otros tienen la maquinaria, Gurabo tiene el sello y el derecho a veto. Nada se firma sin que pase por la contabilidad de la casa.

Dicen que el domingo nueve de agosto votarán por aclamación, esa bonita palabra que se inventó la elite del PRM es para no decir que la suerte ya está echada. Han repartido el pastel antes de encender las brasas del 2027. Una maniobra perfecta de alta costura partidaria: que la juventud tome la casa para que la candidatura del 2028 se decida, cómo no, en un duelo elegante entre la estructura de Collado y la dinastía Mejía.

Autor: Nelson Valdez

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