María Corina Machado, Donald Trump y las desventuras de una relación política que terminó pareciéndose más a un capítulo de El Quijote que a la transición venezolana
Por Dr. Alexis Vargas, Ph. D.
Que nadie culpe al humilde escribano de estas líneas por semejante historia. Esto no se lo inventó Alexis Vargas. Los episodios centrales han sido publicados por Axios y The Wall Street Journal, citando funcionarios estadounidenses y otras fuentes conocedoras de los acontecimientos. Axios documentó incluso el revuelo que el asunto produjo dentro del Departamento de Estado.
Y aconteció que Venezuela sufrió un doblete sísmico devastador que dejó muertos y decenas de miles de personas afectadas.
María Corina Machado insistió entonces en regresar a Venezuela. Según su versión, quería estar junto a los venezolanos en semejante momento de tragedia. Pero en Washington algunos funcionarios contemplaron aquella empresa con ojos bastante menos románticos.
Axios informó que altos funcionarios de la administración Trump reaccionaron duramente. Uno habló de “oportunismo político” y otro sostuvo que Machado pretendía conseguir una oportunidad fotográfica distribuyendo ayuda estadounidense. Son afirmaciones atribuidas por Axios a funcionarios de la administración, no hechos demostrados sobre las intenciones personales de Machado.
Y aquí comienza nuestra novela.
¿PERO POR QUÉ DONALD NO QUIERE QUE MARÍA CORINA REGRESE?
Porque, a mi juicio, detrás de esta historia existe algo mucho mayor que una disputa sobre un avión.
A estas alturas considero que la administración de Donald Trump está priorizando la supuesta estabilización económica y social de Venezuela, la recuperación del sector eléctrico y, simultáneamente, continuar saqueando el petróleo, el oro y el aluminio venezolanos, mientras devuelve a Venezuela parte de la diáspora que se encuentra en Estados Unidos.
Que quede perfectamente establecido: esta caracterización del “saqueo” de los recursos naturales venezolanos es mi valoración política — Yo, Alexis Vargas— y no una afirmación que atribuyo a Axios, The New York Times o The Wall Street Journal.
Lo que sí está documentado es el enorme interés de Washington en el petróleo y los recursos minerales venezolanos. Axios informó en agosto que la administración Trump negociaba con el gobierno interino venezolano una participación estadounidense en campos petroleros con decenas de miles de millones de barriles de reservas probadas.
Y he aquí el inconveniente:
Delcy Rodríguez le garantiza a Washington ese panorama; María Corina Machado lo entorpece.
Ahí está, para mí, la piedra en el zapato.
O, para continuar con Cervantes, el molino que nuestra caballera insiste en embestir mientras desde Washington alguien parece gritar:
¡Por Dios, doña María, dejad quietas las aspas, que estamos haciendo negocios!
DONALD, DELCY Y LA NUEVA DULCINEA DE LA ESTABILIDAD
Toda esa supuesta “estabilización”, toda esa supuesta “transición” y toda esa nueva arquitectura de relaciones entre Washington y Caracas parten de una realidad: mantener una buena relación con la presidenta ya ni siquiera interina Delcy Rodríguez y continuar mejorándola.
Trump decidió trabajar con Rodríguez después de la captura de Nicolás Maduro. En enero dijo haber sostenido conversaciones “muy buenas” con ella y habló de avances hacia la estabilización. Marco Rubio, por su parte, describió una secuencia de tres etapas: estabilización, recuperación y transición.
María Corina quiere acelerar la transición política.
Washington tiene otros tiempos.
Y mientras nuestra caballera contempla Caracas desde la distancia, Delcy Rodríguez encuentra cada vez más abiertas las puertas de Washington.
Tanto así que Axios informó este 17 de septiembre que Trump se preparaba para un posible encuentro con Rodríguez durante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York.
¡Válgame Dios, Sancho!
Una busca cómo entrar a Caracas; la otra encuentra cómo acercarse a Donald Trump en Nueva York.
Qué cosas tiene el amor.
PRIMERA AVENTURA: CURAZAO
Pero María Corina no se rindió.
Preparó sus macundales y emprendió camino.
Según los reportes publicados, Machado salió de Virginia en un vuelo chárter rumbo a Curazao. Desde allí pretendía continuar hacia Venezuela.
Parecía que todo estaba como Javier Sanoja en segunda y Eugenio Suárez enfrentando a Garrett Whitlock con conteo de una bola y dos strikes.
Pero entonces comenzaron a girar los molinos y la Dulcinea de los coribobos no pudo anotar.
The Wall Street Journal informó que el vuelo privado fue obligado a regresar después de que las autoridades neerlandesas rescindieran el permiso de aterrizaje, en medio de señales procedentes de Washington de que Estados Unidos no respaldaba la operación.
Axios reconstruyó posteriormente el episodio y describió una auténtica tormenta burocrática dentro del Departamento de Estado. El subsecretario Christopher Landau habría realizado gestiones que otros funcionarios consideraron contrarias a la posición establecida; Landau rechazó esa caracterización y el Departamento de Estado negó públicamente que existiera una fractura interna.
El resultado práctico fue bastante menos sofisticado:
María Corina salió hacia Curazao…
y terminó regresando a Virginia.
Ni Rocinante había dado semejante vuelta.
SEGUNDA AVENTURA: PANAMÁ
Pero nuestra protagonista, como buen personaje cervantino, decidió que una derrota no era razón suficiente para abandonar la empresa.
Si Curazao cerraba el puente levadizo, habría que buscar otro castillo.
Y apareció Panamá.
Machado se trasladó posteriormente a Panamá e intentó abordar un vuelo comercial de Copa Airlines hacia Venezuela.
Pero tampoco pudo.
The Wall Street Journal reportó que la aerolínea impidió que Machado abordara el vuelo; el periódico señaló que existía temor a posibles represalias de Caracas.
Machado sostuvo que Venezuela había cerrado el espacio aéreo para impedir su regreso.
Pero la información publicada dibujaba una situación bastante más complicada: la caballera tenía boleto, tenía destino y tenía voluntad, pero nuevamente no tenía caballo.
O avión, que para estos tiempos viene siendo lo mismo.
LA EXTRAÑA GEOMETRÍA DEL AMOR GEOPOLÍTICO
Y aquí es donde esta historia alcanza dimensiones verdaderamente cervantinas.
María Corina Machado había apostado buena parte de su capital político internacional a una relación estrecha con Donald Trump, al punto de regalarle su mayor reconocimiento de vida, el Nobel de la Paz.
Pero después de la operación estadounidense que terminó con la captura de Maduro, Trump no respaldó a Machado para asumir el liderazgo venezolano y optó por trabajar con Delcy Rodríguez. Axios informó además que funcionarios estadounidenses veían en Rodríguez una figura capaz de cooperar en la reorganización petrolera sin provocar inmediatamente la reacción de sectores militares y estructuras vinculadas al antiguo régimen.
Y entonces apareció la más vieja de todas las leyes de la geopolítica:
Los gobiernos no tienen amores eternos; tienen intereses.
María Corina representaba una transición política acelerada.
Delcy ofrecía interlocución.
Washington quería estabilidad.
Trump quería petróleo.
Y, en mi opinión, Estados Unidos encontró además la oportunidad de apropiarse y beneficiarse de una parte sustancial de las riquezas naturales venezolanas: petróleo, oro y aluminio. Eso, para mí, tiene un nombre: saqueo.
No pretendo atribuir esa palabra a Axios ni a ningún otro periódico.
La palabra es mía.
La valoración es mía.
La responsabilidad editorial también.
DE DULCINEA A VIAJERA SIN DESTINO
La ironía histórica resulta formidable.
María Corina se subrogó el derecho de nombrar a Donald Trump Premio Nobel de la Paz.
Pero los acontecimientos posteriores comenzaron a colocarla progresivamente fuera del centro de la estrategia estadounidense.
Trump trabajaba con Delcy.
Washington negociaba petróleo.
El Departamento de Estado discutía qué hacer con María Corina.
Curazao no funcionó.
Panamá tampoco.
Y Caracas continuaba allí, geográficamente cerca y políticamente cada vez más lejos.
Mientras tanto, Axios informó el 27 de agosto sobre las negociaciones de un gigantesco acuerdo relacionado con los campos petroleros venezolanos. Tres semanas después informó sobre los preparativos para un posible encuentro Trump-Delcy Rodríguez en Nueva York y lo que más le ha de doler a Maricori es que en el listado de los expositores de la Asamblea General de la ONU aparece el nombre de Delcy Rodríguez con el indicativo «HN» que significa Cabeza de la Nación.
El contraste no necesita demasiada literatura.
A María Corina le cerraban puertas mientras a Delcy comenzaban a abrírselas.
HISTORIA DE UN AMOR QUE SE PENSÓ POSIBLE
Y así llegamos al final, al menos Por Ahora, de nuestra aventura.
Una mujer insiste en regresar.
Un avión despega y regresa.
Curazao desaparece como alternativa.
Panamá aparece como esperanza.
Una aerolínea no la deja abordar.
Funcionarios estadounidenses discuten.
El Departamento de Estado intenta ordenar la casa.
Delcy Rodríguez fortalece su interlocución con Washington.
Donald Trump mira el petróleo.
Y María Corina continúa mirando hacia Caracas.
Cervantes probablemente habría necesitado otros veinte capítulos.
A nosotros nos basta una pregunta:
¿Qué quedó de aquella historia de amor político entre Donald Trump y María Corina Machado que alguna vez se pensó posible, pero no fue… y todo parece indicar que no será?
Porque mientras Delcy Rodríguez encuentra abiertas las puertas de la diplomacia estadounidense, María Corina Machado continúa buscando una puerta de entrada a Venezuela.
Y quizás algún día, contemplando desde lejos los molinos de Washington, nuestra moderna caballera andante termine frente a la Casa Blanca pronunciando aquella conocida expresión:
«¡Sola no puedo!»
Y quién sabe si desde alguna ventana alguien responda:
—Perdonad, señora… pero el caballero está reunido con Delcy.
Dr. Alexis Vargas, Ph. D.
Fuentes periodísticas para los hechos relatados: Axios y The Wall Street Journal. Las caracterizaciones, interpretaciones políticas, sátira y la tesis de que la administración Trump está “saqueando” recursos naturales venezolanos corresponden al autor, Alexis Vargas.

