120 ambulancias, Huawei y US$5,000 millones escondidos en la barriga.
Por Dr. Alexis Vargas
Los troyanos cometieron un error que todavía se estudia tres mil años después: confundieron un regalo con un regalo.
Frente a las murallas de Troya apareció aquel gigantesco caballo de madera abandonado por los griegos. Parecía la última cortesía de un enemigo que finalmente se marchaba.
Lo metieron en la ciudad.
Celebraron.
Bebieron.
Durmieron.
Y entonces se abrió el caballo.
De su vientre salieron los soldados griegos que abrieron las puertas de Troya y permitieron la entrada del ejército que esperaba afuera.
Desde entonces, cada vez que una potencia ofrece algo demasiado atractivo, aparece inevitablemente la misma advertencia:
“¡Cuidado con el caballo de Troya!”
Y ahora nos dicen que un enorme caballo rojo viene navegando desde China hacia República Dominicana.
Vale la pena abrirlo.
CONSTRUYENDO EL CABALLO
Para construir semejante animal hacen falta materiales.
China puso algunos.
Metamos primero 120 ambulancias donadas a República Dominicana.
Añadamos los camiones de bomberos que anteriormente entregó el Gobierno chino.
Coloquemos dentro US$40 millones de cooperación económica no reembolsable acordados en 2025.
No préstamos.
No bonos soberanos.
No deuda dominicana con Beijing.
Cooperación no reembolsable.
Ahora agreguemos 450 becas de capacitación para funcionarios dominicanos, destinadas a áreas como agricultura, construcción, transporte, energías renovables y salud pública.
Pongamos también programas universitarios, intercambios académicos y cooperación tecnológica.
Y para hacerlo suficientemente sospechoso, pintemos en uno de sus costados un enorme logotipo de Huawei.
Perfecto.
Ya tenemos nuestro caballo de Troya.
Ahora falta descubrir qué trae escondido dentro.
Y efectivamente trae algo gigantesco:
casi US$5,400 millones en mercancías chinas que entraron a República Dominicana durante 2025.
China representa aproximadamente 18 de cada 100 dólares que República Dominicana importa del mundo.
Celulares.
Computadoras.
Maquinarias.
Equipos eléctricos.
Vehículos.
Paneles solares.
Electrodomésticos.
Equipos industriales.
Repuestos.
Textiles.
Productos que todos los días compran empresas y consumidores dominicanos.
Ahí está.
¡Descubrimos el ejército escondido dentro del caballo!
El problema es que existe un pequeño detalle:
nosotros mismos compramos esos productos.
China no desembarca sus mercancías de madrugada después de derribar las murallas de Santo Domingo.
Empresarios dominicanos las ordenan.
Importadores dominicanos las pagan.
Aduanas dominicanas las recibe.
Comercios dominicanos las venden.
Y consumidores dominicanos las compran.
Nuestro caballo de Troya resultó tener factura comercial, conocimiento de embarque, declaración aduanera e ITBIS.
Pero todavía puede ser peligroso.
Sigamos investigando.
¿NOS ESTÁ CONQUISTANDO CHINA CON ARANCELES?
Aquí debería aparecer una de las armas secretas.
Quizás Beijing cobra impuestos extraordinarios a los productos dominicanos mientras nosotros permitimos que los productos chinos entren prácticamente gratis.
Veamos.
República Dominicana y China no tienen tratado de libre comercio.
China aplica un arancel NMF promedio cercano al 7.5 %.
República Dominicana aplica un arancel NMF promedio cercano al 7.3 %.
La diferencia resulta sorprendentemente pequeña.
Entonces el secreto tampoco estaba allí.
Pero aparece un problema mucho más serio para República Dominicana.
En 2025 compramos alrededor de US$5,400 millones a China y apenas conseguimos venderle aproximadamente US$309 millones.
Eso significa un déficit superior a US$5,000 millones.
Y eso sí debe preocuparnos.
No porque exista necesariamente una conspiración china, sino porque demuestra algo mucho más incómodo:
República Dominicana ha aprendido extraordinariamente bien a comprar en China y extraordinariamente mal a venderle a China.
Después de ocho años de relaciones diplomáticas, un país de más de 1,400 millones de habitantes continúa siendo prácticamente territorio desconocido para el exportador dominicano.
Ahí sí hay una batalla que debemos librar.
Cacao.
Tabaco.
Ron.
Productos agrícolas.
Productos médicos.
Manufacturas.
Servicios.
Si China quiere profundizar su relación con República Dominicana, Beijing también debe abrir espacios reales y medibles para los productos dominicanos.
Una amistad comercial donde uno vende US$5,400 millones y compra US$309 millones necesita urgentemente una conversación.
ENTONCES APARECE AQUILES
Pero Troya no estaría completa sin Aquiles.
Estados Unidos es nuestro Aquiles económico.
Es el gran guerrero de esta historia.
No porque sea nuestro enemigo —todo lo contrario— sino porque ningún otro país posee una relación económica comparable con República Dominicana.
En 2025 Estados Unidos nos vendió aproximadamente US$12,900 millones en mercancías.
Nosotros le vendimos aproximadamente US$7,600 millones.
Comercio total de bienes:
US$20,500 millones.
Cuando añadimos servicios, la relación económica bilateral ronda US$34,200 millones.
Y existe un dato todavía más impresionante:
aproximadamente tres cuartas partes de nuestras exportaciones de zonas francas tienen como destino Estados Unidos.
Estados Unidos también domina ampliamente como origen de turistas hacia República Dominicana.
China ni siquiera se acerca.
Por tanto, presentar esta historia como una sustitución de Estados Unidos por China sería económicamente absurdo.
China es un socio creciente.
Estados Unidos continúa siendo estructural para la economía dominicana.
Pero incluso Aquiles tenía un talón.
EL TALÓN DE AQUILES
República Dominicana y Estados Unidos tienen algo que China no posee:
un tratado de libre comercio.
CAFTA-DR.
Durante casi dos décadas hemos desmontado progresivamente barreras arancelarias entre nuestras economías.
El principio era sencillo:
yo abro mi mercado.
Tú abres el tuyo.
Competimos.
Comerciamos.
Nos integramos.
Hasta que en 2025 Washington decidió colocar un nuevo elemento sobre la mesa.
Estados Unidos estableció un arancel adicional general del 10 % sobre numerosas importaciones, sujeto a excepciones, dentro de su nueva política comercial.
Entonces ocurre una escena curiosa en nuestra Ilíada caribeña.
China, con quien no tenemos tratado de libre comercio, mantiene para nosotros su régimen comercial general.
República Dominicana mantiene para China el suyo.
Mientras República Dominicana sí posee un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, Washington decidió imponer nuevas cargas sobre numerosas mercancías extranjeras.
Esto no convierte a China en benefactor ni a Estados Unidos en enemigo.
Demuestra algo bastante más elemental:
las grandes potencias defienden sus intereses.
China defiende los chinos.
Estados Unidos defiende los estadounidenses.
¿Y quién está defendiendo suficientemente los dominicanos?
LOS SOLDADOS QUE NO SALIERON DEL CABALLO
Volvamos entonces a nuestro caballo.
Esperemos hasta medianoche.
Abramos cuidadosamente la barriga.
Busquemos los soldados.
Encontramos 120 ambulancias.
Encontramos camiones de bomberos.
Encontramos US$40 millones de cooperación no reembolsable.
Encontramos 450 oportunidades de capacitación.
Encontramos programas universitarios.
Encontramos tecnología.
Y encontramos, ciertamente, miles de millones de dólares en productos chinos que desplazan competidores, generan un déficit comercial gigantesco y obligan a República Dominicana a preguntarse qué sectores nacionales debemos proteger, desarrollar o hacer competitivos.
Eso último importa muchísimo.
Porque tampoco debemos cometer el error inverso de convertir cada inversión china en filantropía.
China no es una ONG.
China tiene intereses.
Busca mercados.
Busca influencia.
Busca aliados.
Busca oportunidades para sus empresas.
Busca posiciones económicas y diplomáticas.
Exactamente como lo hacen las grandes potencias.
¿DÓNDE ESTÁ ENTONCES EL VERDADERO CABALLO?
Quizás llevamos años mirando al animal equivocado.
El peligro para República Dominicana no consiste necesariamente en comerciar con China.
Tampoco consiste en mantener nuestra histórica y extraordinariamente importante relación con Estados Unidos.
El peligro aparece cuando un país pequeño permite que otro país piense por él.
Cuando Washington decide cuáles deben ser nuestros amigos, perdemos soberanía.
Cuando Beijing pretende decidirlos, también.
Cuando recibimos una ambulancia y creemos que China se convirtió en nuestra hermana desinteresada, somos ingenuos.
Pero cuando alguien nos dice que dentro de esa ambulancia vienen escondidos diez soldados chinos, también deberíamos pedir que nos enseñen los soldados.
Porque las relaciones internacionales no son matrimonios.
Son intereses.
TROYA ESTÁ EN EL CARIBE
República Dominicana tiene algo que las grandes potencias conocen perfectamente:
posición geográfica.
Estabilidad política.
Acceso al mercado estadounidense.
Puertos.
Aeropuertos.
Zonas francas.
Turismo.
Minerales.
Infraestructura de telecomunicaciones.
Cercanía con las principales rutas comerciales del Caribe.
Y una economía que durante décadas ha crecido por encima de buena parte de América Latina.
Por eso todos quieren estar aquí.
Estados Unidos.
China.
Europa.
Y mañana probablemente otros.
La respuesta dominicana no puede ser escoger emocionalmente entre Aquiles y Troya.
Debe ser mucho más inteligente:
competirlos.
Si China quiere vendernos US$5,400 millones, debemos exigir condiciones para venderle muchísimo más que US$309 millones.
Si Estados Unidos quiere conservar su posición privilegiada como nuestro principal socio, debemos utilizar esa extraordinaria relación para obtener más inversión, más nearshoring, mayor acceso comercial y mejores oportunidades para nuestras empresas.
Si China ofrece becas, aceptémoslas.
Si Estados Unidos ofrece mejores becas, aceptémoslas también.
Si China ofrece tecnología, evaluémosla.
Si Estados Unidos ofrece tecnología superior, negociemos.
Si ambos quieren invertir:
que compitan.
Porque quizá la gran enseñanza del caballo de Troya no sea que debemos desconfiar de todos los regalos.
Es que nunca debemos introducir un caballo dentro de nuestras murallas sin saber exactamente qué lleva dentro.
Ni si viene de Beijing.
Ni si viene de Washington.
Y, sobre todo, República Dominicana debería recordar algo que los troyanos comprendieron demasiado tarde:
las murallas pertenecen a quien tiene la responsabilidad de defenderlas.
Las nuestras no pertenecen a China.
Tampoco pertenecen a Estados Unidos.
Pertenecen a los dominicanos.

