La reciente inauguración del túnel de la Plaza de la Bandera no solo representa una solución vial para miles de conductores que diariamente se desplazan entre el Distrito Nacional, Santo Domingo Oeste y la región Sur. También sirve para recordar la magnitud de un programa de infraestructura que, por su extensión territorial y diversidad, muchas veces termina diluyéndose en la cotidianidad.
Ese túnel se suma al paso a desnivel de Herrera y al proyecto integral de la avenida República de Colombia, que incluirá un puente y un túnel para mejorar la conexión entre el Distrito Nacional, Santo Domingo Oeste y Santo Domingo Norte. Son obras que evidencian una apuesta por transformar la movilidad urbana, pero que forman parte de un conjunto mucho más amplio.
La sexta rendición de cuentas del presidente Luis Abinader permitió visualizar esa dimensión al presentar un inventario de más de 2,300 obras distribuidas en todo el territorio nacional. A partir de ese momento quedó claro que el alcance de las inversiones iba mucho más allá de las grandes ciudades.
Los números hablan por sí solos. Entre obras terminadas y en ejecución, el país contará con cerca de 26 kilómetros de infraestructura ferroviaria, integrados por los 7.3 kilómetros de la extensión del Metro de Los Alcarrizos, los 2 kilómetros hacia Punta de Villa Mella y los 16 kilómetros del Monorriel de Santiago. A ello se agregan los teleféricos de Santiago y Los Alcarrizos, mientras avanza la construcción del de Herrera.
En materia vial, las inversiones abarcan prácticamente todas las regiones del país. Ahí están las circunvalaciones de Peravia y Azua ya concluidas; las de San Francisco de Macorís, Los Alcarrizos, Navarrete, Moca y Nagua en construcción; además de la ampliación de la avenida Hípica, la avenida Ecológica José Francisco Peña Gómez y la autopista de San Isidro.
Pero quizá uno de los aspectos más relevantes es que las inversiones también han llegado a comunidades que históricamente esperaban la presencia del Estado.
La carretera Juan Santiago-Hondo Valle, en Elías Piña; las carreteras internas de Samaná; las obras en el distrito municipal José Francisco Peña Gómez, en Pedernales, y decenas de proyectos similares reflejan una distribución territorial de la inversión pública.
A ello se suman 64 centros del INFOTEP, 156 comedores económicos, la expansión de la UASD hacia la mayoría de las provincias, así como la recuperación de accesos a playas y malecones.
Otro legado importante quedará con la celebración, por tercera ocasión en República Dominicana, de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, precisamente en el año en que se conmemora el centenario de su creación.
El país recibirá no solo un importante evento deportivo internacional, sino también instalaciones completamente remozadas que permanecerán al servicio de la ciudadanía. El Estadio Olímpico Félix Sánchez, la Arena Virgilio Travieso Soto, el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, y otras instalaciones deportivas exhiben hoy una renovación que fortalece el patrimonio deportivo nacional.
Todo este conjunto de realizaciones confirma que el balance de una gestión debe medirse por el impacto de sus resultados. Sin embargo, las obras, por importantes que sean, necesitan permanecer en la memoria colectiva para que la ciudadanía pueda valorar su verdadero alcance.
En ese contexto, los dirigentes del Partido Revolucionario Moderno (PRM), especialmente quienes somos aspirantes presidenciales, debemos ser voceros permanentes de los logros del Gobierno, explicando sus resultados y acercando a la ciudadanía el impacto de sus acciones.
Al fin y al cabo, la mejor carta de presentación de cualquier proyecto político será siempre el éxito del gobierno que representamos. Mientras más conocidos y valorados sean sus logros, mayores serán las posibilidades de que esa confianza ciudadana se traduzca en continuidad democrática.
