Recordando el Huracán Georges; 27 años del fenómeno más devastador del último siglo

Milciades Pichardo

Han transcurrido exactamente 27 años desde que el huracán Georges, un coloso categoría 3 con vientos de hasta 200 kilómetros por hora, irrumpió en la geografía dominicana como un azote bíblico.

 El 22 de septiembre de 1998, este fenómeno meteorológico no solo rompió techos y arrastró ríos, sino que dejó una cicatriz indeleble en la memoria colectiva de una nación que, en ese momento, contaba con apenas 8.2 millones de habitantes.

Hoy, en un país que ha crecido y se ha fortalecido, recordamos no solo la tragedia, sino las lecciones que forjaron una respuesta más resiliente ante futuros desastres.

El Azote Inolvidable: Un Día que Cambió Todo

Era una mañana de martes cuando Georges tocó tierra en la costa este del país, cerca de La Romana, con un ojo de unos 40 kilómetros de diámetro. Se desplazaba en dirección este-oeste, azotando más del 60% del territorio nacional durante 36 horas interminables.

Vientos huracanados de 175 a 220 km/h derribaron antenas de radio y televisión, dejando a la población en un silencio aterrador, interrumpido solo por el rugido de las ráfagas y el estruendo de las crecidas de ríos como el Yuna y el Ozama.

 Las autoridades minimizaron inicialmente la amenaza, lo que contribuyó a una preparación insuficiente: muchas familias ignoraron las evacuaciones, confiando en pronósticos optimistas que se revelaron fatales.

El huracán no discriminó:, arrasó con el este (La Romana, San Pedro de Macorís, El Seibo, Hato Mayor), el sur y hasta el Distrito Nacional.

Techos de zinc volaron como hojas secas, puentes colapsaron, y las inundaciones convirtieron calles en torrentes. Más de 26,000 personas se refugiaron en albergues improvisados, mientras en las montañas centrales, 185,000 quedaron sin hogar.

 El panorama post-Georges era de pesadilla: 72,605 viviendas dañadas, de las cuales 28,005 quedaron completamente destruidas; 263,724 damnificados directos; y más de 100,000 personas hacinadas en refugios temporales, donde brotes de diarrea, conjuntivitis y fiebre se propagaron como fuego en pólvora.

Para República Dominicana, fue el más destructivo desde el huracán David de 1979, superando incluso a San Zenón de 1930 en términos de cobertura territorial.

Vidas Segadas en la Tormenta

La cifra oficial de fallecidos en el país asciende a 283 personas, la mayoría ahogadas en inundaciones o aplastadas por escombros. Estas víctimas, en su gran mayoría de zonas rurales y pobres, representaban familias enteras borradas del mapa. Inicialmente, las autoridades reportaron solo 36 muertes, pero revisiones posteriores elevaron el conteo a 283, mientras que la oposición denunciaba cifras superiores a mil.

En total, en la isla de La Española (compartida con Haití), Georges causó más de 600 muertes, destacando la vulnerabilidad compartida de ambos lados de la frontera.

El Costo Económico: Los estragos no terminaron con los vientos. Según un informe exhaustivo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), los daños totales en República Dominicana se estimaron en 2,193 millones de dólares de la época (equivalentes a unos 3,800 millones ajustados por inflación actual).

En pesos dominicanos, el impacto ascendió a 32,916 millones de pesos, con daños directos de 1,629.9 millones y costos de reconstrucción de 3,758.5 millones.

El sector agrícola, pilar de la economía rural, fue aniquilado: pérdidas de 4,256 millones en cultivos como plátano y arroz, y 893 millones en avicultura. La ganadería perdió 166 millones, mientras que el sector energético sufrió 120 millones en infraestructuras colapsadas.

Viviendas y obras públicas absorbieron 150 millones solo en reparaciones básicas. El turismo, vital para el PIB, vio sus polos orientales devastados: hoteles con techos volados, playas erosionadas y jardines arrasados.

En total, 19 áreas protegidas –el 13.9% del territorio– fueron afectadas, con miles de árboles y palmeras derribados. La reconstrucción, liderada por el entonces presidente Leonel Fernández, incluyó un Plan Nacional de Reconstrucción con ayuda internacional de España, EE.UU., Cuba, Puerto Rico y Venezuela.

Sin embargo, el huracán expuso desigualdades profundas: las zonas más pobres sufrieron lo peor, agravando la pobreza extrema y la propagación de enfermedades como malaria y dengue en tierras inundadas.

En este septiembre del 2025, República Dominicana mira a Georges como un punto de inflexión. De las fallas –falta de coordinación, censura de alertas y refugios inadecuados– surgió una ley de gestión de riesgos de desastres, una Defensa Civil más robusta y herramientas como apps de alerta meteorológica.

El Centro Nacional de Meteorología (ahora Indomet) y la Cruz Roja han multiplicado esfuerzos en evacuaciones y comunicación, salvando vidas en huracanes posteriores como Jeanne (2004) o Fiona (2022).

Pero las advertencias persisten: con el cambio climático intensificando estos eventos, el país –líder en crecimiento regional– debe invertir en infraestructuras verdes y equidad social.

 Georges nos enseñó que la preparación no es un lujo, sino una necesidad. En este aniversario, honramos a las 283 almas perdidas y juramos no olvidar: la tormenta pasa, pero la memoria perdura para proteger el mañana.

Por Milciades Pichardo

Para AlTanto.com.do

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