Lauriano, Italia — En una conmoción profunda, una comunidad rural de aproximadamente 1 400 habitantes descubrió que un hombre vivía en total aislamiento con sus dos hijos, un niño de 9 años y una niña de 6, sin que nadie supiera de su existencia.
El padre, de nacionalidad neerlandesa, construyó en su granja un entorno completamente autosuficiente, sin electricidad ni agua corriente, y acondicionó el lugar para evitar cualquier contacto con vecinos o autoridades.
Las autoridades localizaron a los menores durante una orden de evacuación por inundaciones; esta fue la primera vez que los vieron. Los niños vestían pañales, carecían de higiene, no estaban escolarizados ni registrados legalmente, y apenas podían hablar, pues se comunicaban entre ellos en un idioma rudimentario.
El padre justifica su acción alegando que quería protegerlos frente a pandemias como el COVID‑19 y opina que así expresaba su amor. Sin embargo, el Tribunal para Menores de Turín decidió retirarles la custodia inmediatamente y los pequeños quedaron bajo cuidado estatal mientras se evalúa su estado.
La comunidad, totalmente sorprendida, confesó que aunque notaron actividad en la granja, nunca imaginaron lo que allí ocurría, lo cual subraya los extremos a los que llegó la reclusión familiar en un intento por mantenerse al margen.