«Las menores no se tocan: ni por deseo, ni por excusa, ni por fama»

Altanto.com.do

En tiempos donde la opinión se ha convertido en espectáculo y el análisis serio en contenido de consumo rápido, muchos olvidan que opinar es un acto de responsabilidad. El que solo busca “views” termina mintiendo, caricaturizándose y perdiendo credibilidad. Convertir la opinión en farándula es renunciar a su esencia: la búsqueda de la verdad.

El opinador que usa a los políticos o a las figuras del momento para ganar impacto no manipula el sistema: es el sistema quien lo manipula a él. Termina siendo parte de la pantomima que dice criticar. Opinar con peso no es gritar, ni provocar, ni buscar aplausos. Es pensar, analizar y sostener la palabra con ética.

La mesura, la autoridad moral, la verdad y la honestidad son los pilares del verdadero comunicador. La fama es pasajera; la coherencia, no. Quien tiene algo que decir debe hacerlo con respeto y con valor, no con el deseo de “pegarse” ni de ser viral.

Y hablando de verdades incómodas: desvalorizar a una menor de barrio, sin protección ni salida, llamándola “cuerito” o “viva”, es una crueldad. Una cobardía. Ella no eligió esa vida; fue empujada hacia ella por la falta de amor, de guía y de protección. No es culpable, es víctima.

Muchos padres alegan no poder con sus hijas, pero olvidan que perdieron la autoridad moral hace tiempo, cuando dejaron de ser ejemplo. ¿Cómo pedir respeto si nunca se enseñó con el ejemplo?

Y más grave aún: justificar a hombres adultos que se acuestan con menores porque “ellas andan rulay”, “andan duras” o “se ofrecen”. No. Las menores no se tocan. Ni si se visten provocativas, ni si aparentan madurez, ni si alguien las presenta. El hombre que se respeta se contiene. El hombre que tiene valores no compra sexo ni busca menores.

Las menores que “andan desacatadas” no son culpables: son víctimas. Víctimas de la irresponsabilidad, de padres ausentes, de una sociedad indiferente y de adultos que, en lugar de cuidarlas, las usan.

No podemos seguir revictimizándolas. No podemos convertir su tragedia en entretenimiento.
La opinión no debe servir para justificar abusos, sino para desenmascararlos.

Opinar no es un juego, es un compromiso con la verdad. Y en esa verdad hay una línea que nunca debe cruzarse: las menores no se tocan. Punto.

— Susana Gautreau de Windt

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