El Janus de Mar-a-lago: Entre la Fiebre del Olvido y los Molinos de Oro

Altanto.com.do

ALEXIS VARGAS

En el vasto y polvoriento reino de la «Gringolandia» moderna, ha surgido un ídolo de barro con dos rostros, un Janus de peluca encendida que, emulando al dios romano, mira simultáneamente al frente con la soberbia del verdugo y hacia atrás con la amnesia del cómplice. Este nuevo Satán de la mitología política, caballero de la triste figura pero de abultada bolsa, recorre el mundo vendiendo una democracia de diseño, una libertad selectiva que solo florece bajo el dictado de su voluntad o el alcance de sus bombardeos.

Habita en este personaje una suerte de «fiebre del olvido», similar a aquella que azotó a Macondo. Pero aquí, el delirio no consiste en olvidar el nombre de las tazas para el café, sino en borrar de la memoria colectiva el fuego de aquel 11 de septiembre, mientras se dedican a bautizar de nuevo la guerra con el nombre de «oportunidad». Como diría Rubby Pérez en su merengue eterno: «Mami, ¿qué será lo que quiere el necio?»; y la respuesta, clara como el agua del Caribe, se refleja en las pupilas del magnate de Mar-a-lago: la fortuna, los billones, el oro mal habido y la manipulación de los mercados como si fueran dados cargados en una taberna de mala muerte.

​El Mercader de Truenos y Petróleo

Desde que este hidalgo de la codicia descubrió que incendiar el Medio Oriente era el bálsamo para sus arcas, el Estrecho de Ormuz y el Bab el-Mandeb se han vuelto sus juguetes de guerra. Su mente, más rápida que el galope de Rocinante, proyecta gráficas donde el barril de WTI escala cimas de treinta dólares por puro capricho. Es la gran jugada: obligar al mundo a refugiarse en el dólar, huyendo del euro y del oro, mientras él, quince minutos antes de cada estruendo en Truth Social, mueve los hilos de una riqueza que ya supera los diez billones de dólares.

Es el ciclo del «Don TACO» (Trump Always Chicken Out): un día anuncia el desplome del crudo tras un pacto con la guardia revolucionaria, y a la semana siguiente, preso de una furia de cartón piedra, ordena bombardeos para aniquilar civilizaciones, solo para que el precio se dispare hacia las nubes. Mientras tanto, en algún rincón entre Washington y Nueva York, de cuyo nombre no quiero acordarme, se escuchan las risas burlescas de un puñado de cortesanos celebrando la fiesta de los billones.

La Valentía Selectiva del Gigante de Zanahoria

Para este golpista de enero, no hay santidad que se respete ni frontera que se guarde. Si debe arremeter contra el Santo Pontífice, lo hace sin que le tiemble el pulso; si debe saquear a la «Pequeña Venecia» para arrancar de raíz a un dictador genocida, lo intenta con la saña del corsario. Sin embargo, frente a los gigantes de verdad —Putin, Xi Jinping o el ermitaño Kim Jong-un—, su bravuconería se desvanece, se «chorrea» y recula, demostrando que su coraje es tan falso como sus promesas.

Un puñado de elegidos eleva sus fortunas al cielo, mientras ocho mil cien millones de almas viven en el vilo permanente de su azarosa malicia. Los vientos que soplan hoy huelen a un petróleo de ciento cincuenta dólares, presagiando la desestabilización de los pueblos sedientos del tercer mundo, sacrificados en el altar de su insaciable codicia.

El Juicio de la Historia

Pero sepa el lector que el ajuste de cuentas no es un fantasma, sino una cita inevitable. Ya tenemos asiento en la «curvita de la Paraguay» para presenciar el acto final: el elefante republicano, pesado y errático, siendo perseguido por el burro demócrata, el cual viene cabalgado por un espíritu con la lanza de Alejandro Magno y un gastrofetes cargado de justicia. La historia, que no perdona a los necios ni a los tiranos de opereta, se dispone a dar cacería al Rebelde desesperado, antes de que termine de devorar lo poco que queda de la decencia diplomática.

Share This Article