Dícese que había una vez en una isla del Caribe, un hombre que cuando se despertaba e iba al baño, se veía en un espejo y preguntaba: espejito, espejito, ¿quien es la persona que tiene la mayor cantidad de medios de comunicación en este país?, y el espejo le respondía: tu y solo tu mi amo y siempre será así.
Todo había comenzado con un «tumbe» hace muchos años, y desde que eso ocurrió, nunca había perdido un pleito, el imperio de medios de comunicación se extendió como una hiedra a lo largo y ancho de esa pequeña isla, usando lo que es de todos, casi de modo exclusivo.
El «procer» que todos conocen, le dió el privilegio del canal 06 a un tipo llamado Font Bernard para uso de su partido al salir del poder en el año 1978, este viejo lo vendió a un cacique llamado Hatuey, y este usó al hoy magnate para no aparecer como dueño, más ni corto ni perezoso se hizo dueño y señor «tumbando» al cacique.
En un país donde no hay ley y el privilegio es la norma, usar las relaciones con el poder son fundamentales, y de esto sabe nuestro protagonista, papelitos van y papelitos vienen, se convirtió en dueño y señor del cielo de la isla estando en la tierra, claro es que por ahí viajan las ondas que comunican.
Se buscó de socio al secretario del procer de los «coloraos», y de ahí se fue al reino de los «moraos», el resultado es una red de canales de televisión y emisoras de radio muy cercana a un monopolio, todo construido en combinación y acuerdo con funcionarios de gobierno por más de 30 años.
¿Es justo esto? Lo racional sería que esos espacios que están encima de nuestras cabezas, lugar donde el estado a nombre de todos nosotros entrega para su usufructo a empresas privadas, sea objeto de una licitación al mejor postor, pero no, eso le quitaria a «dios», el poder presidencial para usar el dedo.
Pues hoy en esa isla se celebra que el «dueño de todo», el que ganaba todos los pleitos, el «zar» de la comunicación, perdió el primer pleito de su historia, uno que nunca debió echar, pues al final es el consecionario de 5 canales de tv y más de 80 emisoras de radio, ¡Pero por Dios! eso no puede ser normal.
No hay que indigestarse con tantos medios, sobretodo porque quien otorga el privilegio para que usted sea bendecido con esa lluvia de dinero que producen las ondas electromagnéticas, es el gobierno en nombre de todos, y este definitivamente no tiene derecho a montar un monopolio en las narices de los que habitan la isla.
Ojalá que se inicie en la isla una era donde el privilegio no sea para el que tiene más contactos con los políticos de turno, y que como en la obra de Charles Dickens «Una historia de Navidad», los ambiciosos entiendan que con sus millones pueden hacer lo que quieran, pero no con lo que es de todos.
P.D. Este escrito es ficción, cualquier parecido con la realidad no es una coincidencia, es a propósito
