Un Estado de la Unión entre la Ciencia y la Ficción

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Ciento ocho minutos de parloteo, entre chiflas y silencios azules, versus aplausos y lambonismo rojo, convirtieron el discurso en el más largo del que se tenga conocimiento.

El gran logro de un año de gestión no fue la economía, ni la creación de empleo, ni la mejora en la balanza comercial, ni el desarrollo de infraestructura, ni el fortalecimiento de las relaciones geopolíticas; es más, ni siquiera la reducción de tasas para la adquisición de vivienda o la mejora en las condiciones del seguro social o en el precio de los medicamentos. No. Los fuegos artificiales y los drones haciendo figuritas estuvieron dedicados a un pedazo de tierra comprendido entre los meridianos 59° 47′ y 73° 23′ de longitud oeste y los paralelos 0° 38′ y 12° 11′ de latitud norte, y sus 306 billones de barriles de petróleo; al secuestro quirúrgico de un tirano genocida y terrorista de nombre Nicolás, extraído del Fuerte Tiuna como muela rebelde, y al posterior control conjunto con Delcy, “la presidenta interina”.

Respecto a Venezuela no se pronunciaron las palabras elecciones, democracia o Estado de derecho ni una sola vez; pero petróleo, economía y a lot of money resonaron como campanas de oro en catedral recién saqueada.

Un balance general mostrando logros pretendió vender la idea de que los Estados Unidos están más fuertes que nunca, mientras el porcentaje de aprobación de la gestión, cual halcón peregrino, viaja a cuatrocientos kilómetros por hora rumbo al suelo, “también marcando récords históricos de pérdida de popularidad”.

El otrora discurso solemne fue reducido a meeting de barrio al que asistieron chavistas y opositores, liceístas y aguiluchos, peledeístas y perremeístas, como si el Capitolio hubiese alquilado sus mármoles para carnaval adelantado. Incluso, en mi mal inglés, juraría haber escuchado a un cachucha roja MAGA, ubicado a la izquierda del bocón de Mar-a-Lago, gritar: «¡Es el César, es Dios que ha venido a salvarnos!», mientras desde la tolda azul el representante más expulsado de la Cámara respondía: «¡Es un indecente, se está tirando peos!».

Definitivamente, no está en discusión que la figura del ejecutivo en los Estados Unidos ha pasado de lo sublime a lo ridículo en apenas un año.

“I love our military forces, they are the best of the best in the world”. Estamos liberando a los presos políticos. Enrique Márquez, ven para venderte como la figura de mi Venezuela naciente —“a ver si la pegamos”—. Mientras tanto, fuentes desconocidas afirmaban que Maricori, solitaria, se comía las uñas frente al televisor, con la esperanza de ser nombrada por Donald Trump, en una habitación alquilada por su deslenguada amiga Magalli Meda. Durante los ciento ocho minutos de verborrea, el estrés y la ansiedad se apoderaban de la sifrina del este de Caracas; al menos su pareja sentimental, Gerardo Fernández, en un intento por consolarla, le susurraba al oído: «¡Qué vaina, el catire nos salió traicionero!».

En Irán preferimos la paz sobre la guerra, pero Teherán no ha dicho las palabras mágicas que Donald “Washington” exige sobre no poseer armas nucleares. Ofrecemos la paz, pero tendrán la guerra.

Hemos logrado un alto al fuego en Gaza —“frágil, a destellos, casi, casi”—, pero es mi logro y debe premiarse con el Nobel de la Paz.

Mi bandera es la depuración de nuestro linaje, ICE, mi arma preferida. Kristi Noem, sácalos a todos. No a los beneficios migratorios. Fuera latinos. Estados Unidos para los gringos. Y esta oferta de campaña, sí se está cumpliendo a cabalidad.

El caballero de la armadura oxidada encontró otro dragón y lo persigue: se trata del fraude en las elecciones, que viene estudiando desde la transición Adams-Jefferson y que, según su relato, se repitió en 2020, cuando Biden me dio un tumbe. Ahora J. D. Vance quedará a cargo.

Más y más aranceles, recortes fiscales y jueces de la Suprema Corte “vayan a freír monos”. Habrá aranceles por encima de la ley y de ustedes.

Declaración de guerra contra las drogas desde la Patagonia hasta Alaska y al Mencho. “Yo me lo lambí” —dominicanismo de dar de baja—. Sheinbaum, que apague el incendio en Jalisco a su costo.

Reconocimientos en la galería del Congreso, rituales con entrega de medallas militares, más récords que Michael Phelps, Usain Bolt y Greg Louganis juntos; la épica en su punto más alto, un Congreso convertido en cumbre y abismo.

No fue el Estado de la Unión. Lo que vimos fue la Mañanera de Sheinbaum, la Semanal de Abinader o hasta Aló, Presidente con Hugo Chávez: una liturgia de aplausos alternados y excomuniones instantáneas, donde la realidad se arrodilló ante el espectáculo y la política, como caballero andante enloquecido, confundió molinos con imperios y micrófonos con espadas.

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