Por: Yokasta Rodríguez
El año escolar comenzó… pero 180,000 niños dominicanos se quedaron fuera.
Y los que logran entrar tampoco lo hacen en condiciones dignas: aulas abarrotadas con hasta 50 estudiantes, sin espacio, sin recursos, sin la mínima calidad que merece un proceso de enseñanza.
La falta de aulas y planteles no es un simple problema de infraestructura, es una bomba de tiempo social.
Cada niño que se queda fuera hoy es un adulto con menos oportunidades mañana.
¿Cómo hablar de progreso si dejamos a la niñez fuera de las aulas?
¿Cómo soñar con un país mejor si el futuro se está formando en hacinamiento o, peor aún, en las calles?
Esto no es un número frío, es una crisis que roba sueños. Cada niño sin escuela es un talento perdido, una oportunidad enterrada, un futuro que nunca llegará a ser.
La educación no puede seguir siendo la última en la lista de prioridades.
¡Un país que no invierte en aulas está condenando su propio mañana!
Ya basta de promesas. Invertir en aulas no es un lujo, es una urgencia nacional.
¿Hasta cuándo vamos a mirar hacia otro lado mientras nuestros niños pierden su derecho a aprender y soñar?
