Una ofensiva militar india contra objetivos en Pakistán y en la región de Cachemira controlada por Islamabad ha encendido las alarmas internacionales. El ataque con misiles dejó al menos 10 personas muertas y 32 heridas, de acuerdo con fuentes paquistaníes citadas por la BBC. La operación, bautizada como «Sindoor», fue justificada por India como una respuesta a un atentado militante ocurrido el mes pasado, donde 26 turistas perdieron la vida en la Cachemira administrada por India.
Nueva Delhi sostuvo que la acción fue de “carácter limitado”, sin atacar bases militares, y dirigida únicamente a infraestructura vinculada al terrorismo. Sin embargo, Islamabad denunció la ofensiva como “una flagrante violación de su soberanía” y un “acto cobarde” que no quedará sin respuesta. Tres zonas fueron alcanzadas: Bahawalpur, Muzaffarabad y Kotli, según fuentes oficiales paquistaníes.
La tensión se elevó aún más cuando el gobierno de Pakistán movilizó su fuerza aérea y cerró el espacio aéreo en ciudades estratégicas como Lahore, Karachi e Islamabad. Por su parte, aerolíneas indias también cancelaron vuelos a regiones cercanas a la línea de control. Islamabad aseguró que “responderá en el momento y lugar que considere adecuado”, lo que hace temer un enfrentamiento mayor entre ambas naciones con capacidad nuclear.
Organismos internacionales no tardaron en reaccionar. El secretario general de la ONU, António Guterres, expresó “profunda preocupación” y llamó a la moderación militar. Estados Unidos, por su parte, mostró escaso involucramiento: el presidente Donald Trump se limitó a declarar que la situación era “una pena” y expresó su esperanza de que el conflicto no escale más allá.
India y Pakistán han mantenido una enemistad prolongada desde su independencia en 1947, centrada principalmente en la región de Cachemira. Con varias guerras en su historial, la actual escalada es una de las más peligrosas de los últimos años, al tratarse de dos potencias nucleares con disputas fronterizas activas y acusaciones cruzadas sobre apoyo al terrorismo. El riesgo de una guerra abierta no puede descartarse mientras ambos gobiernos continúan con discursos encendidos.