El venezolano Mervin Yamarte partió hacia Estados Unidos con la esperanza de ofrecer un mejor futuro a su familia. Sin embargo, terminó viviendo cuatro meses de encierro y maltratos en el Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot) en El Salvador, tras ser deportado sin juicio bajo acusaciones infundadas.
Yamarte fue arrestado en Dallas el 13 de marzo y, dos días después, deportado junto a otros 251 migrantes venezolanos, señalados sin pruebas de pertenecer a la pandilla Tren de Aragua. Su traslado se realizó bajo una antigua ley estadounidense de 1798, que permite deportaciones por motivos de seguridad nacional.
A su regreso a Venezuela, Mervin denunció condiciones extremas dentro de la prisión salvadoreña: golpizas, comida en mal estado, celdas sin ventilación y amenazas constantes por parte de los custodios. “Nos decían: ‘Aquí te vas a morir’. Era una tortura”, aseguró tras reunirse con su familia en Maracaibo.
El caso de estos 252 venezolanos se ha convertido en uno de los episodios más graves del nuevo programa de deportaciones impulsado por la administración de Donald Trump desde su retorno al poder en enero. Algunos migrantes ya han regresado voluntariamente por temor, mientras otros permanecen escondidos en EE. UU.
