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Por: Isabel Hernández

Muchas veces la vida nos coloca de plano en una situación en la que nos sentimos acorraladas, presas, sin salida y por más vueltas que le das a tu situación más encarcelada te sientes. Es como estar atada a una cuerda que pende de un hilo pero que abajo solo existen rocas y una extrema profundidad y estás consciente que con un solo movimiento se rompe esa cuerda y tú caerás inevitablemente al vacío donde solo te queda un camino, morir. Esa espada que penetra tan profundo que puede romper tus huesos.

La pared, la pared consiste en sentir que ya has llegado hasta el final que no hay más lugar para donde correr que no tienes más espacio para moverte porque el más mínimo sería inútil pues te encuentras dentro de ese círculo donde no hay nada más que hacer, donde nada te funciona, tus esfuerzos han sido inútiles, estar a la derecha, a la izquierda, detrás, al frente dará igual, concreto y oscuridad dentro de tu corazón, sentimientos de alma dura que te envuelven, te tienen presa, te destruyen, y si te dejas hasta te matan.

Este círculo vicioso donde estás y que está llevando tu vida al abismo, donde no tienes ganas de hacer nada y no mueves un dedo para ayudarte a ti misma a salir de ahí de esa zona de terror, es ahí donde luego de abandonarte y reconocer que sola no puedes es entonces cuando miras al cielo y pides ayuda, pides ayuda porque ya no aguantas más tu situación, tu cárcel, tu abismo, tu encierro como le quieras llamar.

Cuando miras al cielo te das cuenta de que no todo está perdido, que existe un espacio libre para respirar y que siempre lo tuviste ahí a un paso, en tus manos, pero que tu soberbia no te dejaba descubrirlo pensando que tienes el poder y la capacidad para resolver tu sola las cosas. Que equivocada estabas porque solas no podemos. Contamos con una fuerza mayor que rompe cualquiera que sea tu pared, para él no hay cuerdas, ni concretos, ni abismo alguno que él no pueda romper. Y si quieres hallar respiro, si quieres salir a la luz, aunque te encuentres a oscuras y estén hondos los abismos y altas las paredes tendrás que confiar. Confía que para él no hay imposibles, desarrolla tu fe que te hará saltar los muros.

Es cierto que no será fácil, que con dar un simple salto no podrás salir, pero tienes que intentarlo, tienes que hacerlo. Sacar las garras, tu fuerza de voluntad, romper con tus miedos, tus ansiedades, tu dolor, desinstalar esas creencias que te limitan y no te dejan ver la salida.

Hay una salida, Dios tiene la salida que necesitas para escapar y ver la luz resplandecer en tu vida, fija tus ojos en el cielo date cuenta que no todo está perdido, que todavía tienes voluntad y fortaleza poder para salir adelante, no importa lo que lo hayas vivido, no importa lo que has sufrido, las lágrimas que has derramado no importa que tan altos sean los muros de tu alma, que tan fuertes sean esas rocas de dolor, que tan hondo sea el precipicio de tu tristeza nada de eso importa mujer, Salta…

Te invito a que des el salto y no te dejes vencer. Eres una mujer fuerte, valiente y poderosa y cuentas con la ayuda de Dios. El permanece siempre a tu lado, aunque tu ceguera espiritual no te deje ver más allá de tu sufrimiento, él nunca te ha dejado, siempre está ahí acompañándote en tu proceso. Pero el necesita que lo descubras, que reconozcas que lo necesitas, que sepas que él es tu ayudador, tu padre que te ama y quiere consolarte, fortalecerte, ayudarte y que nunca te dejará sola en tus luchas.

Mujer acepta ese amor incondicional que solo él puede darte, acércate a su presencia, dale tu corazón, permítele acurrucarte en sus brazos que te acaricie con sus tiernas manos, estoy segura que con él a tu lado no habrán muros, no habrán rocas, no habrá cárceles, no habrán precipicios en tu vida, no habrán cuerdas que te aten porque el con su poder podrá romper las cuerdas, derribar tus muros y abrir las paredes de concreto en tu alma para que sientas paz y libertad.

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