La vibrante vida nocturna de Francia, alguna vez un faro de libertad y celebración en Europa, se apaga a un ritmo acelerado. Las discotecas, epicentros del baile y el encuentro social durante décadas, están cerrando en masa a lo largo del país, con especial incidencia en París.
El fenómeno responde a un cambio radical en los hábitos de la Generación Z, jóvenes de entre 18 y 30 años que han decidido cambiar las pistas de baile por la comodidad y seguridad de sus hogares, marcando el fin de una era.
El declive es drástico. Según reportes de medios europeos, más de dos tercios de las discotecas en Francia han desaparecido desde su apogeo en la década de 1980.
La estocada final para muchas de ellas llegó con la pandemia de la covid-19. Los confinamientos prolongados, combinados con la crisis económica y el auge de las redes sociales, aceleraron una tendencia que ya venía gestándose. Salir de noche dejó de ser un ritual casi obligatorio para convertirse en una opción que los jóvenes evalúan con mayor selectividad, prefiriendo el entretenimiento digital y las reuniones íntimas.
En este nuevo paradigma, las noches de la juventud francesa transcurren entre videojuegos, maratones de series en plataformas de streaming y fiestas privadas con círculos de amigos cercanos. Lo que antes era un espacio de desinhibición y exceso en los años 80 y 90, hoy es visto por muchos como algo anticuado y prescindible.
“Nadie que conozco va de fiesta. Prefiero placeres sencillos, como charlar con amigos o la PlayStation. Somos una generación hogareña”, comentó Antonin, un joven de 19 años, al diario Le Parisien, resumiendo el sentir de muchos de sus contemporáneos.
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