Las seis armas de Teherán: la guerra no convencional que puede derrotar a Trump sin invadir Washington

Altanto.com.do

Por Dr. Alexis Vargas Phd

No basta con mirar el estrecho de Ormuz.

Reducir la capacidad estratégica de Irán al cierre, bloqueo o perturbación de ese corredor marítimo es probablemente uno de los mayores errores al analizar la guerra que hoy sacude al Medio Oriente. Ormuz es extraordinariamente importante, pero constituye apenas una pieza de un tablero mucho mayor.

Teherán no necesita derrotar militarmente a Estados Unidos en una guerra convencional. Tampoco necesita hundir su flota, ocupar territorio estadounidense ni alcanzar una victoria militar clásica sobre Washington.

En una guerra asimétrica, el objetivo puede ser mucho más sencillo y, al mismo tiempo, políticamente devastador: hacer que el costo económico, energético, comercial y político del conflicto resulte insoportable para quien lo sostiene.

Y es precisamente allí donde aparecen, al menos, seis puntos críticos que debemos observar simultáneamente.

1. Ormuz: el arma energética

El primero y más evidente es el estrecho de Ormuz.

Antes de la actual crisis circulaban por allí alrededor de 20.3 millones de barriles diarios de petróleo y derivados, equivalentes aproximadamente al 20% del consumo mundial de líquidos petroleros.

En el primer semestre de 2025 la cifra rondaba incluso los 20.9 millones de barriles diarios.

Pero el problema no termina con el petróleo.

Por Ormuz también circulaba aproximadamente el 20% del comercio mundial de gas natural licuado (GNL), fundamentalmente procedente de Qatar y, en menor medida, de los Emiratos Árabes Unidos. Cerca del 83% de ese GNL tenía como destino los mercados asiáticos.

Por consiguiente, Ormuz no es simplemente una carretera petrolera.

Es simultáneamente un interruptor energético para Asia, Europa y la economía mundial.

Y la guerra ya ha demostrado hasta qué punto ese interruptor puede ser accionado: durante el segundo trimestre de 2026, los flujos petroleros a través de Ormuz descendieron hasta aproximadamente 4.9 millones de barriles diarios, frente a más de 20 millones antes de la crisis.

Cada reducción prolongada significa presión sobre el petróleo, los combustibles, el transporte, los fertilizantes, los alimentos y finalmente sobre la inflación.

Y esa inflación termina viajando miles de kilómetros hasta llegar a la mesa del ciudadano estadounidense.

2. Bab el-Mandeb: el segundo cuello de botella

Pero mirar únicamente hacia Ormuz sería observar apenas la mitad del tablero.

Al suroeste de Arabia Saudita aparece un segundo punto extraordinariamente sensible: el estrecho de Bab el-Mandeb, situado entre Yemen y el Cuerno de África.

Es la puerta meridional del Mar Rojo y, consecuentemente, el acceso indispensable para buena parte del tráfico que pretende alcanzar el Canal de Suez desde Asia y el Golfo.

Antes de las grandes disrupciones provocadas por los ataques hutíes, aproximadamente el 15% del comercio marítimo mundial utilizaba normalmente la ruta del Canal de Suez.

Los datos energéticos históricos muestran igualmente su importancia. En el primer semestre de 2023, las rutas del Mar Rojo asociadas a Suez y Bab el-Mandeb representaban aproximadamente 12% del petróleo comercializado por vía marítima y 8% del comercio mundial de GNL.

La consecuencia estratégica resulta evidente.

Irán posee influencia sobre un escenario regional en el cual los hutíes de Yemen pueden ejercer presión sobre Bab el-Mandeb mientras Teherán mantiene capacidad de presión sobre Ormuz.

Es decir: dos extremos de la península arábiga, dos océanos comerciales y dos de los principales cuellos de botella energéticos del planeta.

3. El comercio mundial atrapado entre dos estrechos

El tercer frente es comercial.

Ormuz afecta principalmente el enorme flujo energético del Golfo Pérsico.

Bab el-Mandeb condiciona el acceso desde el océano Índico hacia el Mar Rojo, Suez, el Mediterráneo y Europa.

La combinación de ambos transforma a la península arábiga en una especie de gigantesca bisagra de la economía mundial.

Cuando Bab el-Mandeb deja de ser seguro, los buques pueden verse obligados a rodear África por el cabo de Buena Esperanza.

Eso significa miles de kilómetros adicionales, más combustible, mayores primas de seguros, utilización durante más tiempo de barcos y tripulaciones, retrasos logísticos y finalmente mayores precios para consumidores y empresas.

Por eso el verdadero poder de esta guerra no debe medirse solamente contando misiles.

Debe medirse contando barcos, barriles, contenedores, días adicionales de navegación y dólares adicionales de inflación.

4. Debajo del mar también existe una guerra: las fibras ópticas

Existe además una infraestructura que el ciudadano común no observa.

Debajo de esas mismas aguas se encuentra parte de la arquitectura digital que mantiene comunicado al planeta.

Los cables submarinos transportan aproximadamente el 99% del tráfico internacional de datos, y tanto el corredor del Mar Rojo como el Golfo Pérsico contienen sistemas fundamentales de fibra óptica.

Por Ormuz pasan o convergen sistemas como AAE-1, FALCON y Gulf Bridge International, fundamentales para conectar las economías del Golfo con Asia y Europa.

Una interrupción simultánea de varios cables no significaría necesariamente apagar Internet mundial, porque existen rutas redundantes. Pero sí podría producir degradación del servicio, aumento de latencia, congestión de rutas alternativas y dificultades para bancos, centros de datos, mercados financieros, plataformas digitales y empresas de telecomunicaciones.

La guerra contemporánea ya no se libra exclusivamente sobre el mar.

También se libra en su fondo.

5. El Mar Rojo: otro corredor digital vulnerable

El quinto punto complementa al anterior.

El corredor del Mar Rojo constituye una de las grandes autopistas submarinas que conectan Europa con Asia y África.

La vulnerabilidad no es puramente teórica. Ya se han producido daños accidentales de cables submarinos en esa región, demostrando hasta qué punto concentrar múltiples conexiones dentro de un corredor geográfico estrecho constituye un riesgo sistémico.

Y aquí aparece nuevamente Bab el-Mandeb.

Por arriba circulan petroleros, portacontenedores y cargueros.

Por debajo circula información.

Una crisis suficientemente intensa puede, por tanto, afectar simultáneamente mercancías, energía y datos.

Eso convierte al Mar Rojo en algo mucho más importante que una simple ruta naval.

6. Turismo, aviación e inversión: la economía invisible de la guerra

Finalmente está una víctima de la cual se habla considerablemente menos: el turismo y la economía de servicios del Medio Oriente.

Antes de la actual guerra, la región recibía alrededor de 100 millones de visitantes internacionales anuales. El turismo del Medio Oriente generaba aproximadamente US$150,000 millones en ingresos internacional es, mientras que la contribución económica más amplia del sector de viajes y turismo rondaba los US$386,000 millones.

La guerra amenaza directamente a algunos de los proyectos turísticos más ambiciosos del planeta.

Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahréin y otros países del Golfo han invertido enormes cantidades de capital tratando de diversificar sus economías más allá del petróleo.

La actual crisis amenaza esa estrategia.

Estimaciones realizadas después del inicio del conflicto proyectaron para 2026 entre 23 y 38 millones de visitantes menos en Medio Oriente y pérdidas potenciales de entre US$34,000 millones y US$56,000 millones.

Aeropuertos, hoteles, aerolíneas, restaurantes, cruceros, centros comerciales y proyectos inmobiliarios terminan convirtiéndose así en víctimas económicas indirectas de una guerra que comenzó disparándose con misiles.

De Teherán a la estación de gasolina estadounidense

Y aquí comienza la parte políticamente más peligrosa para Donald Trump.

El estadounidense promedio probablemente no estudia diariamente el mapa de Ormuz.

Quizás tampoco sepa localizar Bab el-Mandeb.

Pero conoce perfectamente el precio que aparece en la pantalla cuando llena el tanque de su vehículo.

Conoce cuánto cuesta comprar alimentos.

Conoce su factura eléctrica.

Y sabe cuánto dinero le queda después de pagar vivienda, transporte y servicios.

La guerra de Medio Oriente ha trasladado progresivamente el conflicto desde el Golfo Pérsico hasta el bolsillo del elector estadounidense.

La última encuesta Reuters/Ipsos coloca la aprobación presidencial de Donald Trump en apenas 33%, igualando el punto más bajo registrado durante sus dos presidencias.

Más preocupante todavía para Washington: solamente 31% de los estadounidenses apoya actualmente la guerra contra Irán, mientras una amplia mayoría considera que el conflicto se prolongará.

En materia económica aparece otra señal extraordinariamente peligrosa para los republicanos: los estadounidenses prefieren actualmente a los demócratas sobre los republicanos para enfrentar el costo de vida por 36% frente a 28%.

Cuando una guerra exterior comienza a decidir quién es considerado más competente para llenar la nevera dentro de Estados Unidos, el problema deja de ser exclusivamente geopolítico.

Se convierte en electoral.

Texas: el canario dentro de la mina republicana

Y ningún lugar permite observar mejor ese fenómeno que Texas.

Durante décadas Texas ha sido uno de los pilares fundamentales del poder republicano.

Sin embargo, la elección senatorial del próximo 3 de noviembre de 2026 se ha convertido en una contienda extraordinariamente competitiva.

El demócrata James Talarico y el republicano Ken Paxton aparecen prácticamente empatados.

Varias encuestas recientes han colocado a Talarico por delante: +4, +2 y +3 puntos en diferentes sondeos, mientras otras colocan a Paxton apenas un punto arriba.

La carrera ha llegado a ser considerada esencialmente un toss-up.

La dimensión histórica sería enorme.

Texas no elige un senador demócrata desde 1988.

Pero la alarma no termina en el Senado.

En la gobernación, el republicano Greg Abbott busca un cuarto mandato frente a la demócrata Gina Hinojosa.

Abbott continúa siendo favorito en el promedio de encuestas, por lo que sería incorrecto afirmar hoy que está perdiendo. Pero algunos sondeos han reducido su ventaja hasta un solo punto porcentual, algo políticamente extraordinario en un estado que no elige gobernador demócrata desde Ann Richards en 1990.

Por eso Texas merece ser observado.

No porque pueda afirmarse hoy que se convertirá en un estado demócrata, sino porque el hecho mismo de que republicanos tengan que defender seriamente posiciones que durante décadas parecían seguras constituye una señal política.

La verdadera guerra asimétrica

Desde Teherán probablemente entienden perfectamente esta ecuación.

Irán no necesita mantener cerrados simultáneamente todos estos frentes.

Esa es precisamente una de las características de la guerra asimétrica.

Puede aumentar la presión sobre Ormuz durante determinados días.

Puede disminuirla después.

Puede intensificarse la amenaza sobre Bab el-Mandeb.

Puede aumentar el riesgo para la navegación, encareciendo seguros aun cuando los barcos continúen circulando.

Puede mantenerse la incertidumbre sobre infraestructura energética y digital.

Y puede conseguir que esa incertidumbre haga parte del trabajo que normalmente realizarían las armas.

El objetivo estratégico no sería necesariamente destruir el sistema, sino hacerlo suficientemente caro, impredecible e incómodo para que sus consecuencias políticas lleguen hasta Washington.

Y el calendario juega un papel fundamental.

Faltan pocas semanas para las elecciones estadounidenses del 3 de noviembre de 2026.

Los representantes y senadores elegidos asumirán sus cargos el 3 de enero de 2027.

Una pérdida republicana de la Cámara de Representantes —y mucho más todavía una alteración del equilibrio del Senado— modificaría radicalmente los últimos dos años de la presidencia de Donald Trump.

Truth Social y el extraño reloj de los mercados

Existe finalmente un elemento que merece investigación y prudencia.

Donald Trump utiliza Truth Social como instrumento directo de comunicación política y en numerosas ocasiones sus publicaciones sobre Irán, negociaciones, ataques o petróleo han producido movimientos inmediatos en los mercados.

Lo inquietante no es simplemente que un presidente pueda mover mercados mediante una publicación.

Lo verdaderamente delicado es que autoridades estadounidenses están investigando operaciones extraordinariamente grandes realizadas poco antes de algunos anuncios capaces de mover el precio del petróleo.

Entre las operaciones bajo investigación aparecen apuestas de aproximadamente US$500 millones antes de un anuncio del 23 de marzo; unos US$960 millones antes de una tregua anunciada el 7 de abril; US$760 millones antes de otro anuncio relacionado con Ormuz; y alrededor de US$430 millones antes de otra extensión de la tregua.

En conjunto, las operaciones investigadas superan los US$2,600 millones.

Esto obliga a presumir que Donald Trump, su familia o personas de su entorno hayan realizado esas operaciones. Aunque las identidades de los operadores no han sido establecidas públicamente y atribuirles esas ganancias requiere una investigación más profunda.

Pero la coincidencia temporal ha sido suficientemente llamativa para provocar investigaciones y reclamos formales de senadores estadounidenses sobre la posible utilización de información gubernamental no pública.

Esa diferencia entre sospecha y prueba pareciera estar absolutamente clara y quedará demostrado en la cámara de representantes si se cataliza el triunfo Demócrata en noviembre de 2026.

Washington miró hacia afuera y dejó vulnerable su retaguardia

La paradoja final es política.

El Washington de Donald Trump ha dedicado una cantidad extraordinaria de energía a transformar el escenario internacional y particularmente a consolidar gobiernos y movimientos ideológicamente próximos a la derecha estadounidense en el hemisferio occidental.

Pero mientras mira hacia afuera, puede estar perdiendo terreno dentro de casa.

Inflación, gasolina, costo de vida, empleo, cansancio frente a la guerra y una aprobación presidencial del 33% constituyen una combinación peligrosa cuando faltan pocas semanas para unas elecciones legislativas.

Por eso probablemente estamos interpretando incorrectamente la estrategia iraní si continuamos preguntándonos únicamente:

¿Puede Irán cerrar Ormuz?

La pregunta estratégica debería ser otra:

¿Cuántos puntos de presión necesita activar Teherán simultáneamente para que el costo económico y político de continuar la guerra sea mayor para Washington que para Irán?

Ormuz es uno.

Bab el-Mandeb es otro.

El comercio marítimo es el tercero.

Las fibras ópticas del Golfo son el cuarto.

La infraestructura digital del Mar Rojo es el quinto.

El turismo, la aviación y las economías de servicios regionales constituyen el sexto.

No necesitan explotar todos simultáneamente.

En una guerra asimétrica puede ser suficiente encenderlos y apagarlos, combinarlos y alternarlos, dejando que los mercados financieros, las aseguradoras, las navieras, los consumidores y finalmente los electores multipliquen sus efectos.

Porque quizá la batalla decisiva de esta guerra no se libre finalmente en Teherán, Tel Aviv, Ormuz o Bab el-Mandeb.

Puede terminar librándose el 3 de noviembre de 2026, dentro de una urna electoral estadounidense.

Y si eso ocurre, Washington descubrirá que en las guerras del siglo XXI no siempre gana quien posee más portaaviones.

A veces gana quien consigue que el adversario ya no pueda pagar políticamente el precio de utilizarlos.

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