DR. ALEXIS VARGAS
(D-AZ), (D-IL), (D-NH), (D-VA). No es la nomenclatura de nuevos virus: son las iniciales de algunos senadores demócratas y republicanos como Ruben Gallego, Dick Durbin, Jeanne Shaheen y Tim Kaine, con los que María Corina Machado, otra mandamás del liderazgo opositor, libra una gesta pregonera, chillona, escandalosa y costosa, con la que intenta reclamar trofeo, medalla, laudo y mando que ve derretirse y esfumarse de manera progresiva y logarítmica —contrario a exponencial— en apenas treinta días.
Los republicanos María Elvira Salazar y Mario Díaz-Balart, y el demócrata Joaquín Castro, en otra reunión, le dicen al oído: “Tranquila, María Corina, que tenemos todo bajo control”; pero desde Miraflores, en voz silenciosa, Delcy piensa: “Bajo el control del enemigo”.
En los círculos sociales, políticos, redes sociales y medios de comunicación de la alcurnia caraqueña ya resuenan los pronunciamientos con altura de las élites, indicándole, por una parte: “María Corina, convendría que moderaras el tono y aquilataras los tiempos; la serenidad, en este momento, es una forma superior de liderazgo”; y, por otra parte: “María Corina, la coyuntura exige templanza. El sosiego no debilita la causa; por el contrario, la ennoblece”.
Mientras tanto, en los círculos de la clase media baja el tono resulta más directo y menos sosegado al decirle: “María Corina, calma, que esto no se arregla gritando”, e incluso: “María Corina, respira y deja el drama”.
Pero ya los panas —que representan la mayoría y que son el pueblo mismo de a pie— y que habitan en Petare, La Vega, Caricuao, La Charneca, San Agustín, Guarenas, Guatire, Los Teques, los suburbios de Maracay, Valencia, Barquisimeto, Coro, Punto Fijo, Maracaibo, San Antonio, San Cristóbal, Santa Bárbara, Puerto La Cruz, Barcelona, Anaco, Cantaura, Maturín, Puerto Ordaz, Santa Rita y otros barrios, hacen resonar sus voces a todo gañote, en gentilicio venezolano, gritando: “María Corina, estás pasada de ladilla”.
Machado ha insistido en un proceso de transición democrática que:
1.- No deje “mafias ni redes criminales” en el poder, especialmente vinculadas al antiguo régimen chavista.
2.- Respete la voluntad popular y restituya instituciones democráticas auténticas.
Para el pueblo venezolano, por estos días, todo a lo que llaman oposición —incluida la lambona que intentó cambiar la medalla del Nobel de la Paz por un nombramiento— son unos forajidos y corruptos que no merecen nuevas oportunidades. Y la mayor falta de respeto a la voluntad popular expresada el 28 de julio de 2024 la produjo Edmundo González, “el Títere de la Doña Bárbara del Siglo XXI”, junto al descuido y la inobservancia del piruetero Edmundo por dedicarse más a hacer puchero y al lloriqueo internacional que a cumplir con todos los procedimientos procedentes en derecho venezolano; cuidar de no romper la cadena de custodia de las pruebas del triunfo —las actas de la acusación de la Chilindrina, guardadas en la bóveda del Banco Central de Panamá— y rematar la cosa llamando a no votar en las elecciones de Alcaldes, Gobernadores y Asamblea Nacional. “El pretexto de no confiar en el juez, árbitro o autoridades no deslegitima el triunfo de esos funcionarios que, contra viento y marea, reclamarán su puesto”.
La celeridad con que avanza el bienestar de la nueva Capitanía General de la Pequeña Venecia, bajo el mando del Virreinato de Donald y Marco, es exponencial, indetenible y no mira a quienes se quedan fuera de borda.
Delcy, Jorge y Padrino, “los herederos de la De Cujus Revolución Bolivariana del Siglo XXI”, lo entendieron ipso facto y se adaptaron desde las 2:15 de la madrugada del 3 de enero de 2026, cuando Nico y la Primera Combatiente viajaban en el MH-60 Black Hawk rumbo al USS Iwo Jima. Y aunque Diosdado, cual María Corina, hacía puchero y ponía cara de Kiko reclamándole la pelota al Chavo, los hermanos Rodríguez le daban cocotazos y lo arreaban, jalado por el rabo, como vaca para el matadero.
Hoy se destapó María Corina en un nuevo deslengue de prepotencia y arrogancia al pronunciarse afirmando que estaría dispuesta a atender a Delcy Rodríguez, sólo para discutir los términos de la entrega democrática del mando de Miraflores: “parábola del autor en su desconcierto”.
En la práctica, Supermercados Río vende las carnes a un tercio del valor de etiqueta que presentaban el 2 de enero de 2026; Central Madeirense nos recuerda la Venezuela de la década de los setenta, y se escucha en la distancia el eco de los hijos de Bolívar cuando gritan: “¡Ta’ barato, dame dos!”.
La interminable carretera negra, con rayitas blancas cuyos nombres fluorescentes nos recuerdan a Salas Römer “Frijolito”, Arias Cárdenas, Manuel Rosales, Capriles Radonski, Javier Bertucci, Henri Falcón, y el 28 de julio de 2024 al «marido de Madame Bovary (Charles Bovary), alias Edmundo González Urrutia, si no recuerdo mal», y por estos días ya están pintando una raya más delgada, con un nombre más brillante que indica María Corina Machado: “Aquí es el final, pero de su pretensión de imponerse como presidenta”.
Maricori —como la hubiese llamado el desaparecido Pedro Carvajallino, y que por ese atrevimiento recibió su regañina—: tus posibilidades no están aniquiladas, tú las estás aniquilando; tu liderazgo, aunque decaído y cuestionable por estos días, no se ha perdido, tú lo estás aniquilando; tu capacidad como gerente y estadista no está cien por ciento cuestionada, tú la estás aniquilando. Tu capacidad de análisis, interpretación, entendimiento, reacción y adaptación al vuelco que da la patria que te vio nacer yo la cuestiono, considero, entiendo y creo que te van a costar el poner tu nombre en la línea blanca, en medio de la carretera negra en la que muchos luchadores por nuestra democracia se encuentran tallados y quedaron para mirar cómo transitaban triunfantes los tanques de la extinta Revolución Bolivariana del Siglo XXI y, hoy, la Revolución de Donald y Delcy.
