República Dominicana: un país que se ahoga en promesas rotas y ríe mientras se hunde

Altanto.com.do

Cada tormenta es un espejo brutal. Ahora llega Melissa, y vuelve a desnudar lo que los políticos quieren ocultar: un país abandonado, secuestrado por la negligencia y la hipocresía de quienes se creen salvadores mientras nos convierten en espectadores de su circo de promesas. No hay drenajes que conduzcan el agua, no hay calles que resistan el barro ni planificación urbana que detenga el caos. La basura se amontona como monumento a la ineficiencia, y la ciudadanía, entre la impotencia y la resignación, se debate como náufraga de su propia indiferencia.


La electricidad se va en los peores momentos, los hospitales operan con lo mínimo y lo mínimo es un milagro, mientras la pobreza golpea en cada barrio y la violencia invade hogares y calles. Los femicidios, la violencia intrafamiliar, el tránsito caótico… todo se normaliza como si el país estuviera anestesiado por la costumbre del abandono. Y, por encima de todo, los partidos políticos y el Congreso, cada vez más desprestigiados, repiten slogans huecos como si la ignorancia del ciudadano fuera un océano infinito para navegar sus mentiras. El siglo XXI se ha quedado atrapado en un eterno déjà vu: cada elección es un teatro donde
elegimos entre los mismos rostros, los mismos apellidos, los mismos discursos reciclados. En 2028, si no despertamos, volveremos a darle el volante a quienes llevan décadas manejando a ciegas. Y mientras tanto, Melissa solo traerá agua; lo que verdaderamente inunda es la evidencia de un país que se ha abandonado a sí mismo, que ha permitido que la indignación
se convierta en rutina y la resignación en costumbre.


La República Dominicana tiene talento, inteligencia y energía humana. Pero no tiene liderazgo, planificación ni respeto por sus ciudadanos. Somos testigos de cómo los políticos se burlan de nuestra ingenuidad y abusan de nuestra paciencia, mientras nos venden espejismos de progreso. Basta ya de dejar que se repitan los mismos errores. Basta ya de creer en promesas
que se evaporan antes de tocar el suelo. Cada gota de lluvia, cada charco, cada hospital sin insumos, cada apagón, debería ser un martillazo de conciencia, en el 2028 no podemos equivocarnos, debemos elegir con memoria, con criterio y con exigencia.

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