Un hombre casado que mantiene una relación con una amante puede enfrentar una serie de problemas emocionales y de salud derivados del estrés crónico, la culpa y el conflicto interno que genera llevar una «doble vida».
Estos efectos no solo afectan su bienestar personal, sino también su relación matrimonial y familiar. Los problemas surgen principalmente del miedo al descubrimiento, la responsabilidad por el daño causado y el agotamiento emocional de manejar dos relaciones simultáneas.
El permanente sentimiento de culpa y vergüenza, junto con una abrumadora sensación de remordimiento por traicionar a la pareja y a la familia, son elementos que erosionan la autoestima y generan resentimiento hacia uno mismo.
La psicóloga Elsa Morales Mirambeaux señala que la preocupación por ser descubierto, el temor a las consecuencias como divorcio, pérdida de hijos o juicio social, son los que provocan mayor inestabilidad emocional.
A pesar de la excitación inicial, la necesidad de ocultar la relación lleva a un aislamiento emocional, aumentando la vulnerabilidad a la depresión, y esa permanente oscilación entre el placer de la aventura y el dolor por el daño infligido deriva en agotamiento emocional. El estrés prolongado de la infidelidad impacta el cuerpo físico, similar a un trastorno de estrés postraumático post-infidelidad (PISD), y eleva riesgos específicos en hombres que podrían enfrentar: Problemas cardíacos.
Mayor propensión a infartos o síndrome del corazón roto.
Trastornos del sueño e insomnio.
Dificultad para descansar.
Enfermedades de transmisión sexual (ETS).
Agotamiento general.
Añade la profesional que “Estos problemas pueden agravarse si la infidelidad se descubre, intensificando la depresión y la ansiedad. Se recomienda buscar terapia individual o de pareja para procesar la culpa y restaurar el equilibrio emocional”.
“ Recuerda que la infidelidad no resuelve problemas subyacentes en el matrimonio, como la falta de comunicación, y a menudo los empeora”.
Por Milciades Pichardo/Altanto.com.do
