Una preocupante tendencia ha comenzado a tomar forma en Estados Unidos, los atentados contra figuras políticas están siendo cometidos, cada vez con más frecuencia, por jóvenes de edades sorprendentemente bajas.
El caso más reciente ocurrió durante un evento político en la Utah Valley University, donde el reconocido comentarista conservador Charlie Kirk, de 31 años, fue asesinado de un disparo en el cuello. El presunto autor del crimen es Tyler Robinson, un joven de tan solo 22 años, quien fue detenido en el lugar del hecho. Las autoridades investigan los motivos detrás del ataque, aunque ya se habla de posible motivación ideológica.
Este asesinato ocurre apenas dos meses después del fallido atentado contra el expresidente Donald Trump, quien fue herido de bala durante un mitin en Pensilvania. El atacante, Thomas Matthew Crooks, también tenía solo 20 años.
Ambos casos han encendido las alarmas entre expertos en seguridad y salud mental, que señalan una creciente radicalización juvenil alimentada por discursos polarizantes y contenido extremista en redes sociales. La facilidad con la que estos jóvenes acceden a armas de fuego y a ideologías violentas plantea serias preguntas sobre el estado de la democracia y la seguridad pública.
“Estamos viendo un patrón claro de jóvenes desilusionados o ideológicamente influenciados, dispuestos a cruzar la línea hacia la violencia política”, advirtió un analista de seguridad del DHS.
Mientras avanza la investigación, crece la presión sobre el gobierno y las plataformas digitales para prevenir la radicalización y reforzar la seguridad en eventos políticos. La pregunta ya no es si puede volver a ocurrir, sino cuándo.
