UNA DEMOCRACIA DE CARTÓN

Nicole Vásquez

Autor:Nelson Valdez

En la política dominicana la oposición no se opone: se acomoda, es un perro amaestrado que ladra en la tarima y mueve la cola en el despacho, una oposición funcional, de escaparate, de esas que hacen bulto para que el sistema parezca plural mientras todos terminan en la misma foto de familia con empresarios, élites y oligarcas.

De manera tangible nos damos cuenta de que finalmente la corrupción no se combate, se administra, se ha convertido en un perfume rancio que todo lo impregna y que la gente acaba oliendo con

resignación, como quien acepta el sudor del metro a las seis de la tarde, es como un bolero triste en el que los dominicanos bailan abrazados al desencanto, narrando entre sorbo y sorbo de ron la historia de cómo siempre son los mismos quienes ganan y siempre son los mismos quienes pierden.

La oposición no ofrece certezas ni alternativas, solo complicidades, su silencio frente a los pecados del gobierno no es prudencia, es cobardía, callar ante la corrupción es practicarla y en estos momentos es además imprudente.

Nicanor Parra el Anti-Poeta Chileno lo describiría así:

  • La oposición en dominicana no es oposición ni es nada. Es un espejo del gobierno, pero sin bombillos.
  • Todos gritan revolución
  • mientras cuentan billetes en silencio.
  • El pueblo, ese animal paciente, bosteza en la esquina
  • pero algún día, no se sabe cuándo, puede decidir
  • que ya está cansado de ser público en este circo de tres pistas.
  • Y ahí está el peligro, el día que el pueblo despierte de este sopor tropical, el juego se rompe, los pueblos tardan en reaccionar, sí, pero cuando reaccionan no preguntan ni perdonan.

Mientras tanto, seguimos en la tragicomedia dominicana: la oposición finge que vigila, el gobierno finge que gobierna, y todos, todos sin excepción, rinden cuentas al verdadero poder, las élites que pagan la fiesta, pero todos olvidan que el poder es efímero y la memoria del pueblo, aunque tarde, suele ser implacable, un político sin empatía es apenas un burócrata con sueldo y sin alma, ni hablar de la corrupción, es una acción miserable que siempre termina por traicionar a la propia dignidad de quien lo hace, cuando el poder se divorcia del pueblo lo único que queda es la farsa, gobernar sin escuchar es condenarse a ser recordado como un usurpador de confianza y la mentira política es rentable a corto plazo, pero su factura siempre llega con intereses impagables

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