El sismo político dominicano y el dilema de la tercera vía

Altanto.com.do

Autor: Nelson Valdez

Las recientes elecciones en la República Dominicana han dejado una huella más profunda que la simple alternancia en el poder. Han reconfigurado, de manera casi tectónica, el mapa político del país. Lo que antes era un duelo de titanes entre el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y el Partido Revolucionario Moderno (PRM), se ha transformado en un sistema tripartito con el ascenso meteórico de la Fuerza del Pueblo (FP). El análisis pragmático de esta nueva realidad nos invita a mirar más allá de las fronteras, porque lo que sucede en nuestra tierra es un eco de una tendencia global: el dilema de los partidos hegemónicos y el surgimiento de las “terceras vías”.

El caso del PLD es un manual de estudio sobre el ocaso de un partido dominante. Durante décadas, el «partido morado» fue la máquina electoral por excelencia, el epicentro del poder. Su declive, sin embargo, nos recuerda al colapso del PRI en México a principios del siglo XXI. Al igual que el PRI, el PLD perdió la presidencia y su mayoría en el Congreso, enfrentó acusaciones de corrupción que minaron su credibilidad y, lo más crucial, vio cómo una parte de su militancia y liderazgo se escindía para formar una nueva fuerza. El PRI se vio fragmentado y el PLD, aunque aún conserva un bastión, se encuentra en una situación similar. Su futuro depende de una reinvención radical, un desafío hercúleo para una estructura tan arraigada. ¿Podrá el PLD, como la UCD en España tras la transición, desaparecer y dar paso a un nuevo bipartidismo? O, por el contrario, ¿logrará reconstruir su identidad para sobrevivir como una fuerza relevante?

Frente a la crisis del PLD, la Fuerza del Pueblo se alza como el principal beneficiario. La FP, liderada por un estratega consumado como Leonel Fernández, ha capitalizado la figura de un líder que, a pesar de las controversias, mantiene una base de apoyo incondicional. En este sentido, la FP se asemeja a los movimientos populistas o personalistas que han surgido en América Latina. No es un partido ideológico en el sentido clásico, sino una plataforma construida en torno a un liderazgo carismático. Su éxito se basa en la disciplina, la experiencia y la capacidad de absorber a los «huérfanos» políticos. Su ascenso a la segunda posición es una lección de pragmatismo: la lealtad al líder, más que al partido, es la nueva divisa política.

Este nuevo escenario, con tres fuerzas de peso, no es exclusivo de la República Dominicana. Países como Francia, con la irrupción de Emmanuel Macron y el declive de los partidos tradicionales, o el propio Chile, con el fin de la hegemonía de la Concertación, han vivido procesos similares. La «tercera vía» no es solo un concepto teórico; es una fuerza real que fractura el bipartidismo y obliga a los actores a redefinir sus estrategias. Para el PRM en el poder, la consolidación de dos fuerzas opositoras, el PLD y la FP, representa una ventaja y un desafío. Por un lado, la división de la oposición podría facilitar una reelección. Por otro, la posibilidad de que estas dos fuerzas se unan en una futura segunda vuelta para desbancar al partido gobernante no puede ser descartada.

El ajedrez político dominicano se ha complejizado. Ya no se trata de quién ganará entre el PRM y el PLD, sino de cómo el PLD y la FP, dos hermanos separados por la ambición y la lealtad se posicionarán en el futuro.

¿Volverán a unirse en una alianza táctica? ¿O continuarán su rivalidad en un intento por devorarse mutuamente? La respuesta a estas preguntas no solo definirá el destino de estos partidos, sino que también moldeará la democracia dominicana en los años venideros. Los analistas y los ciudadanos están ante un sismo político que, a diferencia de los temblores de la tierra, promete cambiar el paisaje de forma permanente.

Autor: Nelson Valdez

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