En una solemne misa celebrada en la Catedral Primada de América, autoridades judiciales, fiscales, funcionarios del sistema penitenciario, representantes del Instituto Superior de Formación Penitenciaria y miembros de la sociedad civil conmemoraron el cuarto aniversario de la Ley 113-21, normativa que desde 2021 regula el Sistema Penitenciario y Correccional en República Dominicana. Vestidos de blanco y uniformes institucionales, los presentes reflexionaron sobre los logros alcanzados y los retos pendientes para lograr una transformación humanizada del sistema penitenciario nacional.
Durante la ceremonia, el director general de Prisiones, coronel Roberto Hernández Basilio, anunció que actualmente hay 24,640 personas privadas de libertad en el país, incluyendo 672 mujeres, lo que representa una disminución significativa respecto al año 2020, cuando la cifra rondaba los 27,000. “Somos el único país de Latinoamérica donde ha disminuido la población penitenciaria en el período postpandemia”, destacó.
Entre los avances resaltados se encuentran la creación de pabellones especializados en salud mental en centros como La Victoria, Najayo y San Pedro de Macorís, así como la aplicación de medidas alternativas a la prisión a través de la Dirección de Medio Libre. Esto ha permitido que más personas cumplan condenas fuera de los recintos, bajo supervisión, favoreciendo su reinserción.
El coronel también abordó los desafíos que enfrenta el personal penitenciario, incluyendo el maltrato, la falta de reconocimiento y condiciones laborales difíciles. Señaló que se han fortalecido los procesos de formación y capacitación, y que es necesario dignificar la labor de quienes trabajan diariamente con personas en situación de vulnerabilidad. Finalmente, mencionó como retos pendientes la implementación del reglamento de la ley, la aprobación del estatuto de carrera del servidor penitenciario y la construcción de nuevos centros correccionales en distintas regiones del país.
La homilía estuvo cargada de un mensaje esperanzador, recordando que el sistema penitenciario no debe centrarse solo en el castigo, sino en la redención y la transformación del ser humano. “Tuve hambre y me diste de comer; estuve en la cárcel y me visitaste”, citó el sacerdote, aludiendo a la responsabilidad colectiva de construir una justicia más humana.